viernes, 18 de octubre de 2019

Lágrimas en la madrugada.






Chuwee que estás en los cielos, en el cielo de los perros, te fuiste sin avisar, seguramente jugando, jugando a un juego inocente, en un momento de soledad.
Chuwee que estás en los cielos, tristes, muy tristes y rotos nos dejas, a todos los que te conocimos, a los que conquistaste con tu cuerpecillo menudo, y esa indescriptible mirada imposible de explicar.
Chuwee que estás en os cielos, ojalá en algún otro momento, caminando a través del universo en esa cinta de Moebius nos volvamos a encontrar.
Chuwee, de pequeño cuerpecillo, y mirada de niño, siempre dispuesto a dar cariño, muy ligero y diligente meneando el rabillo.
Chuwee el bien amado, con tu marcha jirones has hecho a más de un corazón, también nos has hecho mejores, tan solo una pega… Te has ido dejándonos como compañía, lágrimas en la madrugada.
Te amaremos por toda la eternidad.
Tus papás.

Todo comenzó a finales de primavera del 2016, como todos los días salimos mis perros India, Hermann, Dumbo y yo a dar una vuelta por el campo.

Cruzamos a través del jardín donde nos reunimos los mascoteros del barrio, que está a la fachada de atrás de nuestra casa, pero que para nosotros es la fachada principal. 

A la izquierda, frente a la rotonda, La Estrella de Levante, a la derecha, ya entrando al campo, la vieja cantera del Puntal, en el solar que en su día fué la cantera… Relleno, relleno y basura, mucha basura, escombros, cristales, y bolsas con tierra de maceteros que un día albergaron hermosas plantas de marihuana...

Por el camino nos cruzamos con dueños de otras mascotas, y todos los días con Pili, que me dice: -¿Has visto Luis? hay tres perros abandonados...-

No acerté más que a decir.

- ¡Me cago en la puta! Y eso que aún no han empezado las vacaciones.-

Damos una vuelta, charlamos un rato, y aprovechamos para maldecir todos aquellos que abandonan sus mascotas. De los perros ni rastro.

En los días siguientes hablamos de lo mismo. Y yo sigo sin haber visto los perros.

Pasan unos días, hasta que por fin veo a dos animalillos correteando entre los escombros, intento acercarme pero huyen, así, una y otra vez.

El campo es grande, fuera de lo que va camino de convertirse en una escombrera la maleza está alta,  ocultando así a los huérfanos en su huida.

Días más tarde daría con su guarida, una montaña de  contaminante lana de vidrio donde se habían refugiado. Me aproximé cautelosamente deseando establecer contacto, no quería que se volviesen a fugar.

El calor empieza a ser infernal, pienso; Que mal… por lo menos ahí estarán protegidos del inclemente Sol murciano. Me acerco, y al verse acorralados enseñan sus dientecillos,  como no quiero asustarlos me retiro para volver al rato con pienso y agua.

Les ofrezco comer de mi mano, uno de ellos a regañadientes acepta el pienso y eso me duele.

Aún así no pienso volver a llevar perros a casa, hago fotos, pongo un anuncio y lo publico en Facebook y Milanuncios… por una vez que se hagan cargo otros.

Fue un verano muy caluroso, Pili y yo nos alternamos en las labores de suministro hasta que me tocó ir de vacaciones, no sin previamente acordar entre los dos que en mi ausencia ella se encargaría de su mantenimiento.

Como si lo adivinaran una semana antes de irme se fueron ellos…

Volé con la conciencia tranquila.

A mí vuelta seguían desaparecidos, Pili no los había vuelto a ver, tampoco Marisol, ni Lidia, que también se habían implicado en la causa, yo volví a mi rutina ya sin bolsa de pienso, ni botella de agua.

Una semana después camino a casa, me percato que uno de ellos nos seguía.

Pensé; Ahí estás, tu hermano se habrá ido, o lo habrán adoptado… Tuve que espantarlo para que no me siguiera, se dio la vuelta decepcionado, y yo también.

Esa misma escena se repetiría en los días siguientes, aunque cada vez el tramo que nos seguía  era mayor, y mi negativa menor. Unos días más, y ya sabía dónde vivíamos, una noche antes del amanecer le oí ladrar…

Acostado pensé: Hoy es el día.

Esa tarde se repitió la jugada, nos siguió y se quedó al otro lado de la acera, entré y   "olvidé" cerrar el portón, venciendo su timidez nuestro amigo entra, se cuela detrás de unas macetas y allí se quedaría hasta el día siguiente.

Por la mañana Miriam, -mi mujer,- abre la puerta, Chuwee, que aún no tenía nombre, entra como un cohete… No recuerdo haber visto tanta felicidad en un animal. 

Al día siguiente en el campo expresiones de alegría.

Pilar: -¡¡¡Ahh!!! Lo has cogido, lo has cogido.-

Marisol con la bolsa de chuches. Qué bonito es, has hecho muy bien.

Santiago: A final te lo has quedado, es muy inteligente, una vez le vi mirar para ambos lados en paso de peatones antes de cruzar la calle.


En los días que siguieron, por las noches poco a poco se iba acercando a nuestra habitación, primero durmió en los primeros escalones de la escalera, luego en el descansillo, así hasta el primer piso, luego en la puerta de la habitación, y  debajo del perchero, hasta que se sintió seguro y volvió al salón.

Ya se sabía un miembro más de la familia.

Eso fue el comienzo, pero en año y medio que con nosotros convivió hubo más, como ángel en forma de animal, por donde pasó dejó su impronta y a todos marcó.

Hoy Pilar sigue llevando comida y agua para pájaros, conejos, o cualquier animal sediento que pueda haber en el campo.

India y Dumbo también se fueron, Miriam y yo hemos vuelto a adoptar, hoy viven con nosotros Bruna, cruce de malinois, y desde hace dos meses, Lúa, también malinois con podenco andaluz.

Preciosas las dos.

Esta es la historia de un animal abandonado en una escombrera, que vino para  marcar vidas y cambiar conductas. 

Por Chuwee.


By. Luis Ángel Jul López.







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